martes, 11 de julio de 2017

Agradecer.


Pequeño inciso de la pequeña Pommette. 
Para agradecer. 
Esos pequeños grandes me gusta. Esos pequeños grandes comentarios. 

Dejé el blog en su punto más álgido. Motivos personales. Duros. Difíciles. Terribles. Ya pasó. Regresé. Por aquello por lo que suelo comenzar, aventurarme, regresar. Impulso. Ganas. Pasión. Y esta necesidad de esbozar constantemente. Ésto es un lienzo más, como la vida misma. Mis letras giran, cambian, se acomodan, huyen. Buscan su estilo. Su espacio. Yo las dejo. Y las ayudo a practicar. 
También es liberador. Soy una mujer. Escribo sobre sexo. Sobre erotismo. Sobre porno. Sin tapujos. Me gusta. Experimento. Avanzo. ¿ Por qué no?.¡Porque sí!. Morbo reivindicativo. O no. Qué más da. Yo vengo aquí, y me dejo llevar. Ato un recuerdo. Una imagen. Atrapo una experiencia. Vivo. Cada post tiene un poco de mí. No diré cuanto. Éso desvelaría demasiado. Todo lo que cuento y muestro es suficiente. 
Sabía de antemano que estaría mucho más sola aquí. Lógico. Para que volver. Otros han tomado sus caminos. Importa lo justo. Pero como toda persona que escribe un blog, gusto de ser leída. Sé que me promociono poco. Demasiado trabajo. Leer a otros por compromiso, para ser leída del mismo modo. No. Mi interés es contar. Y si llega a alguna parte, fantástico. No hay nada como llegar sin pretenderlo, sin promoción. Interés puro de contarlo. Interés puro al leerme. Gracias por ello. A los poquitos que todavía sois fieles. Que venís. Que leéis. Gracias mil a los que además dejáis constancia. No respondo, porque todo lo que tengo que decir está dicho en cada post. Pero sigo agradeciendo cada visita, cada comentario, cada gesto. Gracias. 



Hace unos días me preguntaba si valía la pena seguir. El movimiento era nulo. Gracias también por el empujoncito. Y recordarme que escribo porque me apasiona. Lo mismito que follar. Lo mismito que masturbarme. Lo mismito que el morbo. Así que gracias una vez más. Prosigamos. 
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domingo, 9 de julio de 2017

Resbalo

Resbalo en sentido vertical hasta hacer tope con tu pubis. Siento los testículos bajo mi culo. Un pequeño manojo de suave pelo rodeando mi clítoris. Tu prepucio rápido, firme, vertiginoso. A la altura de mi vesícula. Dentro. Es sólo un segundo. Las plantas de mis pies empujan la tarima flotante, Y casi toda tu polla. Empapada de mí. Queda en el aire. Otro segundo. Líquido. Resbalo de nuevo. Esta vez tu prepucio en mi hígado. Hinco un poco más. Tu glande en mi garganta. Grito. Aullido. Llámame puta. Es el momento. Quiero quedarme ahí para siempre. Mientras te mueves. Mientras se mueve. Mientras me empala. Me rellena. Me revienta. Muévete tú. Culebreo yo. Pellizca mis pezones. Agriétalos. Reviéntalos. Sigue siendo el momento. De reventarlos. De reventarnos. De reventar. Por los aires. Intentaré besarte, mientras me asoma tu polla entre la lengua. Tan adentro te siento. Tan adentro te quiero. Tan adentro. Tan. Resbala. Se ha muerto. Me he muerto. Todo está ya fuera de mí. Todo se vuelve horizontal. Horizontales los dos. Me abrazas. Me dejo abrazar. Y luego bajo. En línea recta. Hacia tu ángulo muerto. Para hacerlo recto. Con mi sonrisa, vertical. Y sí, sí puedo hablarte con la boca llena. Tan llena. Tan adentro. Tan.


.(escrito también desde el facebook del blog) 

martes, 4 de julio de 2017

Cría.


De lo que se come se cría. Así que he decidido comer pollas. A ver si brotan, si paren, si empollan, bajo mi culo. Para no estar falta. Siempre viene bien un rabo. Aunque sea para espantar moscas. 


Primero hay que estirarlas. Comerse una polla doblada corta la digestión. Una siempre debe tirarse a la piscina y a los hombres provista con flotador. Flotadorcillo. Michelín. Con estrella. De chef. Gourmet el que se lo coma. Imbécil aquel que aparte la vista. Hombre de escasa mirada. Tipo. Pavo. Real. Sin corona. Apuesto dos contra uno que no sabe manejar la verga. Por más que yo se la coma. Recuerda. Estirada. No doblada. Permitimos cargar a la derecha si mide más de la media española. Calcetín. Se me enfrían los pies cuando mamo. Demasiado rato. No me gustan los micropenes. Tampoco lo descomunal. Menudo empacho. En esta boca menuda. Menuda lengua. Menuda polla. Tremenda mamada. Preciosa crianza. Con pechos de nodriza alemana. Bávaros. Teutones. Tetones. A pezón erecto. Descubierto. En todo el centro de tus babas. Chupa, cabrón. Melón. Del infierno. Hazlos invierno en mitad del fuego. Que rayen profundo la mampara de cristal. Timbres de castillo. Aprieta. Aprieta más fuerte. Aprieta, cojones. Por dios. En esta chupada atea. Caguémonos en lo más sagrado. Así, con mi boca llena. De polla. De pollas. De prepucio. De glande. De huevos. Se me pone una carita preciosa. Sí, de niña pequeña. Con carita de puta. Con tu polla. Con tus huevos. Apretados contra mi barbilla. Trae pan. Para mojar. Mira como tengo el coño. Mira como están las sábanas. Mira el charco. Ahógate en él. No respires. Desparrama. La leche inmensa. Sobre mi escote. Que brote. Caliente y espesa. Que brote. Que críe. Malvas después de correrte. Y ya. Si éso. Después de irte. Vuelve. Revuelveme el pelo. Dame un beso. Y cómeme el coño. Ya sabes. De lo que se come se cría. Se crea. Toma mi coño. Sé dios. Recréate con él. Siete días. Son mis genes. Mi génesis. No voy a permitirte, descansar. Come.

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( escrito originariamente en el facebook del blog)

domingo, 2 de julio de 2017

Ángulo.


Recto. 
En la esquina de aquella habitación.


Esquinada yo.
Esquivando te.

Permisiva. 
Generosa.
Cariñosa.
Comprensiva.
Gilipollas.
Pardilla.
Estúpida.
Curva. 
Mi  pequeña tripa.
Sobre mi pequeño coño.
En la esquina de aquella cama.
Esquinado tú.
Esquivando me.
Cómeme la polla. Que bien lo haces. Cuanto me gusta. Un poco más. Casi me corro. Adoro tu boca. Me fascina tu lengua. Así. Sigue. Qué cabrona. Qué bueno. Qué placer. Qué gusto. Va a reventar. Un minuto más.
Comerte el coño. No tengo confianza. Sólo un poco. Uno. Dos. Tres. Escondite inglés. Si mi clítoris fuese un doberman ahora mismo estarías sin rostro. Hasta el que te sobra. Ya no más. Hasta aquí. Te gusta, eh. No. Que borde. Al borde del colchón. Deja de hablar. Hablas mucho. No gimas tan alto. No pidas. ¿ Dónde vas? 
Donde pueda irme. Sola. Me voy. ¿ Ya? . No. Ya me iré. Sola. Recta, entre todas mis curvas. Sin esquinas. Larga en la intimidad de mi cama. Esa que me entiende, me cuida. 
A mí.
A mi pequeña tripa.
A mi pequeño coño.
Sin pollas. Enormes. Ni medianas. Ni recogidas. Todas ellas. Que dicen tanto dentro del pantalón. Y son mudas entrando en mi culo en pompa. 
Mierda. 
Pa ti. Que lees.
Pa ti. Que no lees.
Pa mí. Que voy y lo escribo.
Con mi pequeña tripa. 
Con mi pequeño coño.
Rectos. 
Derechos.
Porque los tienen.
Al mismo nivel. 
Aunque  me hagas ras. 
En el corazón.
Porque todavía. 
Hago el amor.
Follo.
Con alma, corazón y vida.
No como tú.
Con la neurona que corona tu polla.
Eunuco.
Sin recursos
Poseedor de un prepucio con carne.
Y muy poca chicha.
Y muy poca entrega.
Ya no quiero más. 
Vuestros polvos de cobro revertido.
Sois obtusos. 


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viernes, 30 de junio de 2017

Virando.


Guardo en este coño de plástico piedras.
Todas. 

Dicen que en el olvido está la clave. 
Soy de otra opinión.

Se aprende sin necesidad de tumbas. Con el cadáver a la vista. Desprovistos de amnesia. Cuando el souvenir terrible puede mirarse sin paro cardíaco, sin lágrima, sin vista, sin nada. 
Esa piedra se vuelve lección de vida. Para seguir viviendo. Para seguir muriendo. Para seguir, y dejar de ser un poco aquello, para ser algo más ésto, más nuevo, más, y mejor.
Y allí, en la vasija, entre las ingles depiladas hace tres días, no sólo caben pollas, juguetes, dedos, y placer. 
Allí donde el clítoris se hace piedra cuando el deseo y la pasión son potentes. Habitan cólicos antiguos que acompañaron tu sexo. 
Lecciones bajo las erecciones. Flujo de vida, entre el flujo suave y caliente de un organismo descontrolado. Que fluye. Hacia lugares nuevos. Esperando. Un click. Enacjar. Esa pieza perdida. Demolida. Derruida. Golpeada. Arrastrada. Después de aquella minuciosa arquitectura propia. Filigranas barridas de un plumazo. Que era una hostia. En todo el centro de aquel universo mío. No pude más que vomitar toda una vida. Supurar. Sangrar. Transfusión. Venas abiertas de par en par. Sin cortinas. Que corra el aire. Para verme correr a mí. Con la cabeza del pollo. Bien amarrada. A unos pies bien sujetos. Dentro de un calzado certero.
Pero en aquella cama, me mataron. Me mató. Cerró mi puerta a los orgasmos compartidos. En medio de aquel despropósito. De aquella violencia invisible. Se encargó de hacerme morir por debajo de mi ombligo. 
Susurrando palabras en mis oídos ciegos de algo que parecía amor. Llamándome inválida. Sin decirlo. Invalidando todo lo descubierto con ojos de niña curiosa hasta entonces. Aquella chispa en aquellos mis ojos, tan puros, tan limpios, tan naturales, y tan llenos de mí. De aquellas manos mías con doce años masturbándome por primera vez entre azulejos blancos. Descubriendo aquel pequeño botón de felicidad. Maravillada de que los pulmones sirvieran para algo más que respirar. Que ahogándote podías estar más viva incluso. Y que los pezones podían ser poliédricos. Cuantas alfombras sintieron mi culo desnudo. Espejos descolgados de las paredes para ver mi sexo reflejado.  Un dedo pequeño. En un coño pequeño. Lleno de pequeños y rizados pelos oscuros. Floreciendo. Jugando. Amando la vida a través de mí. Otra vida. La que no te cuentan. La que de pronto imaginas. La que de pronto te asalta. Y te masturbas cada noche para vivirla. Los fines de semana dos o tres. Las noches eran largas. Papá y mamá fuera de casa. Un pequeño televisor en blanco y negro. Porno ligero de la época. El brazo de un nenuco. La mecedora y las piernas a caballo. Almohada amiga de formas masculinas. Espejos. Siempre espejos. Subida a la taza del wáter. Acrobacias. Piernas menudas. Temblando. Sobre esa pieza donde reposan los culos cuando cagan. Una necesidad. Mientras tu dedo acaricia el pubis. Y un poco más adentro. Sientes que debes hacerte pis encima. Dejarte ir. Notar la orina caliente. Liberadora. Entre tus muslos. Hacia tus rodillas. Fría ya en tus tobillos. Sin saber por qué. Te gusta. Supongo, sin suponer demasiado, que con catorce años no entiendes el morbo. Ni tu cabeza se explica, ni quiere explicarse, por qué de pronto, aplicar el aire caliente de un secador de pelo en tu sexo, te hace palpitar el corazón al ritmo de tu coño. Sonríes. Empapas el sofá de ti. Y a los diez minutos, rebobinas la cinta vhs, para volver a comenzar. 

Perdí la virginidad a los dieciocho. 
Hasta entonces. Mis manos se hicieron mis mejores amigas, mis aliadas, mis secretos, mis amantes, mis maestras. Benditas. Sororas. Compañeras. 
Hasta entonces. Después vinieron historias diferentes. Otros post. Para otros momentos. Sólo decir. Que no hace tanto tiempo, pero hace ya mucho, en otra vida. Me cortaron las manos. Me amputaron. Hay egos que sólo saben ser parásito. Hacerse dueños de otros cuerpos y vampirizarlos para poder ser algo. Un algo muy pequeño. Sin valor. Sin valentía. Esa parte carece de importancia. Importan mis muñones. Que crecen y se reafirman en soledad. Qué dedos más largos. Qué nuevas amigas. Qué nuevas compañeras. Qué nuevas maestras. Cuanto las quiero. Más allá de mi cama. Muñones. Muñecas rotas. Buscando aguja e hilo para coserse a la vida, para coserse las venas, para correrse al riego sanguíneo.  Para correrse.  Para volver. Para regresar. Como ha regresado el resto de mí. Me falta una parte,  y me siento perdida. Frágil. 

Es un viaje. 
Y es un viaje diferente. 
Todo lo demás, dependía de mí. Y yo, de alguna manera, puedo con todo.
Este billete, ha de ser doble. Asiento de dos plazas. 
Me encabrona. Me desespera. Me jode. 
Porque no saben joderme. 
Uno sí supo dejarme bien jodida. 
Pero joderme. 
Demasiadas boquillas, para alguien que no fuma. 
Demasiadas camas, aunque hayan sido pocas, donde me perdí para no encontrarme. 
Y serán menos todavía. 
No valen la alegría. 
De un coño alegre.
De unos muñones alegres. 
Más que te jodan, más que estés jodida, más que no sepan joderte, más que haga mil años que no jodas en condiciones. La vida, es una joda. 
Y una joda, es alegría. 
La alegría sólo depende de ti.
Vuelvo a mis sábanas, voy a darme alegría. 
Hasta que alguien, vuelva a saber hacerme reír. 

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jueves, 29 de junio de 2017

Polvo y paja.

Cubiertos de  polvo  y paja.
Yo era  el polvo, tú la paja.
Tú eras el polvo, yo la paja.
Paja tras paja.
Polvo tras polvo.
Hasta que ya no fuímos nada.
Hasta que empezamos a ser todo.
Dejándonos ir. 
Fluyendo.
Hacia el principio de todo.
Hacia el final de nada.
Sintiendo.
Fluidos.
De mi coño en tu  boca.
De mi coño en tus manos.
De mi coño en tu polla.
De  tu polla en mi coño.
De tu polla en mis manos.
De tu polla en mi  boca.
Tú fuera de ti, dentro de mi.
Yo fuera  de mi, contigo dentro.
Ambos fuera de sí.
Fuera del no. Fuera del tiempo.
Fuera los ojos.
Sólo dos miradas profundas.
Como mi coño.
Y tú perdido. 
Tan adentro.
Que prefiero perderme contigo.
Antes de salir a  buscarte.
Después.
Siempre. 
Otras cuatro veces hasta que sea de dia.
Hasta que sea nunca.
Como cada vez que llamas al silencio.
Mientras me besas la nuca.

domingo, 18 de junio de 2017

Yo leo, tú escribes.


Después. La nada. La nausea. La arcada. La garganta. Contenida. Hecha un nudo. Con una lágrima colgando de cualquier cuerda vocal. Parecía música. Juraría que era música. Puede que fuese el ombligo. Dejando ir una tristeza retenida. Un dolor sutil recién llegado. Un golpe. Sordo. Porque no llegó a escucharlo. Ni quiso. Cuando yo se lo expliqué. Siempre soy yo. Parece ser. Llevo un veredicto de neón sobre las cejas. Mentira. Media verdad. Entonces. Música. Desde el ombligo. Con pelusas. Y lágrimas. Torrente. Inverso. Como todas aquellas veces que lloré hacia dentro. Y después me pudrí. Mis plantas de los pies lo recuerdan. Todavía huelen. A abono. A güano. A compost. A mí. Aquella vez que morí. Tantas veces. Que ya no recuerdo. Por cada ataúd que pasé. Que morí, Que moré. Que sufrí. Lápida. En mi ombligo. Epitafio. De silencio. De música. Con bemoles, con forma de lágrima. Corcheas. Corcho. Duele. Sin motivo. Mi pequeña nariz apunta al ocaso. Queda una hora de luz. Para olvidar. Que yo escribo. Como aquel que lee. Que yo escribo para no morirme sin música. Que yo escribo para leerme. Que yo escribo para no olvidarme. Que yo escribo. Y punto. Y seguido. Seguido de ombligos que lloran una tarde de domingo. Sin saber por qué. Ni falta que hace. Dentro del ombligo  están las tripas. Escúchalas llorar. Debajo. El coño. Míralo. Llorar. Para saber follar. Hay que saber. Llorar. Saber llorarse. Saber lloverse. Saber verse. Saber follarse. Saber sentir. Hasta la náusea. Hasta la nada. Hasta la lágrima. Hasta el ombligo. Hasta... ¡ Basta! 

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viernes, 16 de junio de 2017

Oídos.

Todavía sin recuperar.
Dos cajas negras que escuchan en eco lejano.
Noto la presión.
Las orejas no.
Como esta mañana.
Notaba todo.
Menos las orejas.
Mientras no escuchaba nada más que a mi piel.
A mis dedos boca abajo.
A mis piernas en tensión.
A mi culo en pompa.
A mi almohada bajo mi vientre.
A mis pezones rasgando la funda.
A mi coño en expansión.
A mi vibrador a toda potencia.
A mis suspiros sordos.
A mis jadeos ciegos.
A mis pequeños gritos sin tacto.
A mí volando.
Desapareciendo.
Del cuarto, Hecha mitad.
Partida entera.
Partiendo.
Sola.
Dentro de mí.
Abandonando el mundo.
Y mis oídos.
Y mi oído.
Haciéndose tapón.
Taponados ellos.
Taponada yo.
Por tres de mis dedos derechos.
Taponado el ruido.
Por mis oídos.
A ritmo de concorde.
Traspasando la barrera del sonido.
Muriendo un poco.
Resucitando otro poco.
Sorda.
Ciega.
Porque cerré los ojos.
Muda.
Porque perdí mi grito.
Manca.
Porque gasté mis manos.
Coja.
Porque dejé sin fuerzas mis muslos.
Sola.
Porque sí.
Donde esté un silencio. Con lágrima. Y orgasmo instantáneo. Pero lleno. Que se quite la música vacía. Envuelta en  papel llamativo. De seda. Convertido rapidamente. En lija del siete. Ahí. En cama ajena.
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sábado, 10 de junio de 2017

Recuerdo


Recuerdo mi coño repleto de polla. 
Recuerdo tus manos repletas de mí. 
Recuerdo nuestros besos incompletos de ambos. 
Recuerdo follar veinticuatro horas seguidas.
Recuerdo haber guardado el amor en la mesilla. 
Recuerdo, sin embargo, haber hecho el amor. 
Recuerdo, que podría ser mañana. 
Y me da, por recordar, que todo es posible. 
Incluso yo. Recordando lo que está a punto. 
Con un recuerdo tan potente. Que me da hasta miedo que suceda. 
Pero es que me seduces. 
Recuerda. 


jueves, 8 de junio de 2017

P.


Me partió en dos con la polla. 
Así empezó todo. Hace tanto que hace mucho.


Hace tanto que hacía mucho que no lo recordaba. Pero siempre estuvo ahí.
Con su polla. Y aquel piso franco. Y aquella colcha bordada. Y aquella camiseta imperio por todo refugio.
La primera vez. Compramos una lata de albóndigas. Sabían a mierda. A mierda muy rica. En otro piso trinchera. Destartalado. Apenas una olla. agua en ebullición. Hormonas al mismo nivel. Una cocina de gas. Y combustión flotando en el ambiente.Y esa lata roja, al baño maría. Como mi coño. Novato. Sin estrenar. Curioso. Lleno de prejuicios. 
Tantos años pajeándome. Imaginando. Queriendo lo que creía que no debía de quererse. Porque entonces, te enseñaban que para querer había que quererse, y mucho. Y darse a respetar. Claro, el respeto dependía de un hombre. No de ti misma. Tus propios impulsos. Y tus propias leyes. Ya estaban escritas. Y el veredicto era muy feo, y comenzaba por P. Así, que le hice esperar. Y esperamos los dos. Y una tarde cualquiera. Después de la academia. Albóndigas de plástico. Sofá de terciopelo. Ningún atisbo de digestión. Y una puesta en escena. Con una chica ya puesta. Y un chico dispuesto. E hice el papel. Papelón. Papelería fina. Pobrecilla. Haciéndome la dormida en aquel sofá. Boca abajo. Porque si pasaba, pasaba menos. Era un secreto. Algo que sucedería a medias. Y puede, que si cerraba los ojos lo suficiente me enterase menos. Y algún ente superior también. 
Albóndigas. No había cristo que las comiese. Yo boca abajo. Él detrás. Un aliento. En mi oreja. Así descubrí la potencia de la invisibilidad. El morbo del roce. Lo sexy de mi propia inactividad. La sensualidad de alguien detrás. Con sus manos en tus pechos. Como una pequeña violación que no lo era. Pero siempre he imaginado más que respirado. Y yo estaba dormida. O me lo hacía, Y aquello no estaba sucediendo. Aunque era tan rico. Mi culo asomando mientras desaparecía el pantalón. Pompa. Descubrí que un culo en pompa es muy sexy. Que el aire en tu coño desde atrás es sugestivo. Con las manos, aprisionando mis pezones. Y su polla, de pronto entre la raja de mi culo. Recordemos, era un juego ficticio. Que jamás sucedió. Pero pasó. Porque sólo fue la puntita. Y me guardé mi felicidad, bajo llave. Porque era felicidad con P mayúscula. Y me lo iban a notar por la calle. Y yo era la niña de papá y mamá. Y por más que yo quisiera follar, había que hacer el amor. Y regalar, tu virginidad como si fuese algo maravilloso, en vez de una inmensa putada, un lastre y una albóndiga de mierda. 
La segunda vez. Ya en el piso franco. Él sin ropa. Blanco, blanquísimo. Con aquella polla de 22. Qué miedo. Aquel lunar al lado del ombligo. Aquel nombre que grité tantas veces, pero se llevó el viento. Aquella colcha. Mi camiseta imperio. Sangre. Una P gigante en la frente. Una polla gigante en mi coño. Culpabilidad tocando los huevos. Sus manos tocando mis tetas. Qué díficil. Algo tan fácil. Algo tan bueno. Algo tan divertido. Cuanto drama. Por un segundo. Que separa la virginidad de la putez. Deberían enseñarnos que ser zorra es bueno. Para la salud. Para la autoestima. Para la vida. Para el coño. Para las tetas. Para la piel. Cuanto dolió. En el coño partiéndome en dos. En la cabeza partiéndome los esquemas. 
Y luego yo encima, cabalgando. Descubriendo. Que aquello me encantaba.  Que quería hacerlo siempre. Que mi coño era un putón verbenero. Y las albóndigas un mal aperitivo. Donde esté un rabo. Y una mujer sin ataduras. Porque yo fui aquella. Y lo fui mucho tiempo. El tiempo que dura la vida. Que te lleva y te trae y a veces te hace ser otra. Pero aquella polla, me partió en dos. Y yo volé. Donde había volado yo sola muchos años. Allí donde está el placer y no hay esquina de retorno. Donde los jugos se hacen carne, grito y miel. Donde la piel se hace gemido. Donde las niñas se hacen putas. Donde el prejuicio se cuelga en el perchero de la entrada. Sólo que a veces vuelve. Pero ya no compro albóndigas. Aunque a veces me quieran hacer pasar carne picada por entrecot de primera. Y mira, no. Yo quiero mirar al cielo, donde se mira cuando te cagas en dios, y que una p me parta en dos, mientras me clavan la P de puta. Porque las que somos  putas, nacemos así, aunque nos digan lo contrario, y vistamos piel de princesas.  Qué también lo somos, pero ni es todo el cuento, ni toda la verdad.
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lunes, 5 de junio de 2017

Fresquita

Fresquita. Entra la mañana por el aire. Y yo desnuda. Con las ventanas abiertas. De par en par. 
Después de la noche. Profunda. De sueño ligero. De sueños revueltos. De calor denso. Ya no hay quien duerma. Algo duermes, pero duermes mal. Se duerme raro. Se descansa poco. Se dan vueltas. El calor da vueltas sobre ti. Tú sobre las sábanas. Eres un nudo de tela, cuerpo insomne, sueños desordenados, y calor pegajoso. Son las ocho y media. Cinco minutos más. De baba colgando sobre la almohada. Te quedaste dormida, pero apenas lo recuerdas. Ahora, medio despierta. Mientras colocas el tirante dle pijama, y abres la oscuridad al sol. Subes las persianas. Despliegas las ventanas. Te estiras. Sonríes al mundo. Y te envuelve el aire. Fresquito. De la mañana. Qué rico. Respiras. Cierras los ojos. Vuelves a bajar el tirante. Bajas el pantaloncito del pijama. Subes los brazos. Dices adiós al maldito tirante y al resto de la tela. Te estiras de nuevo. Desnuda. Te pones de puntillas. Y tomas el aire. Y tu piel es el aire. Y tus pezones son el aire. Y tu ombligo es el aire. Y tu pubis una nube, que pasa, que corre. Fresquito. Abres los ojos. Murmullos en la acera. Gente que corre. Quizá te han visto varios vecinos. Quizá. Puede. Qué vergüenza. Qué sexy también. Hace corriente. Brisa en mi culo. Brisa en mis pechos. Parecen dedos. Fríos. Fresquitos. En una piel nocturna todavía con sueño, todavía templada, todavía sola, con su vergüenza y su sexy. Todavía es temprano, para la nada. La hora en punto para el aire que entra. Y me tumbo. Sobre la sabana bajera. Ya fresca. Mi cabeza sobre la almohada a rayas. Ya fresca, también. Y esta mano fresca, de esta mente fresca, con estas ganas frescas, se dirige al pan. Carne y brisa. Dedos y aire. Calor y fresco. Vergüenza y sexy. Frente a la ventana abierta. Mientras la acera habla. Yo guardo silencio. Guardo la ropa. Guardo la vergüenza. Abro mis piernas. Para que me folle el aire. Esta piel de gallina. Estos pezones de piedra. Este clítoris de gominola. Sale al aire frío, mi flujo caliente. Y un gemido que es un susurro. Casi no me oigo. Se lo lleva el aire. Mientras pellizco un pezón. Mientras violo la parte de mí que todavía está caliente. Con tres de mis dedos. Y gimo de nuevo. Para escucharme mejor. Acelero el ritmo. Se acelera el pulso. Se acelera el aire que entra. Vendaval. Remolinos de aire sobre mi piel desnuda. Remolinos de carne sobre mi coño desnudo. Vueltas, vueltas, vueltas. Creo que voy a correrme. Y me corro. Y me dejo llevar. Por un orgasmo fresco. Un calambre fresco. Unos temblores frescos. Un ay. Aprieto mis piernas. Aprieto mi mano sobre mi vulva. Aprieto los ojos. Para ver a quien quiero ver. Y sentir un beso fresco. Después de una paja fresca. En esta mañana fresca. Antes de darme una ducha fresquita. Porque tengo que irme. Cuando todo lo que yo quisiera. Es volver a dejarme ir. 


miércoles, 31 de mayo de 2017

Luz.


Hágase la luz. 
Y la luz se hizo. 
Y apareció un polla. 
Una polla magnífica. Magnífica verga. 
Deliciosa. Estupenda. Erecta. Sensual. Apetecible. 
Linda polla. Digna polla. Joder, qué polla. 
Sabrosa pinta tiene la polla. 
Follable la jodida polla. 
Jodible la follenda polla. 
Se me llena la boca de polla. 
Mmmmmmmmmmmm. 
Ñam. Slurp. Flush, Flish. ¡ Tracatrá! 
Desperdicio de polla. Pollón. Rabo. 
Y qué prepucio, oigan. Qué cabeza de turco más molona. Casco alemán de rechupete y rejoneo. De saltarse toda la banca. De aprisionarla con todo el coño. De clavártela de forma profunda y un tanto dolorosa. Pommette Vlad la empaladora, frente a la polla. ¡ Tracatrá! 
Cuerpo flamenco. Sangre flamenca. Vagina flamenca. Coño gitano. Zapateado. Clítoris en pie de guerra. ¡ Jau! Fumemos la polla de la paz. 
Aquí, Y después gloria. Gloria bendita. Bendita polla. Verga bendita. Bendición de rabo. Pito bendito, gorgorito. 
Apaga la luz. Déjala encendida. Ni pa ti ni pa mí.  A media luz los dos. Polla entera. La veo. Subo dos tetas. Apuesto una corrida. Espera que quito el tapete. No va más. Dámelo todo. Yo y tu blanca palidez. De crema. Cremoso pubis. Cremosa polla. Polla de danone. Se me hace danonino el chirri. Parece que refresca. Llueve. Chirri mirri. Gotea una cañería. Gotitas de miel, en mi cascara de nuez. Coñito mojado. En expansión. En erección. Pico de pájaro la punta del clítoris. Ay, qué dolor. Se me excitan los calambres. Y la carne. Me estoy poniendo roja. Roja coño. Roja polla. Roja sexo. Ah, caperucita golosa. Cargando a la izuquierda. La polla. Y mi pecho grande. Mi teta redonda. Siniestra. Dura. Botón de ancla. ¡ Arriad las velas! . ¡ Trincad la mayor! , ¡ Qué me trinque la polla!
Polla que no has de comer, déjala correr. 
Me cago en todo.
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martes, 30 de mayo de 2017

Late


Late compleja y complicada la vagina. 

Late en corrientes alternas de voltajes imposibles.
Late y transporta. La sangre, mi flujo, tu esperma. 
Creo que va a estallar el corazón. 
No importa. 
Mi vagina se hará cargo. 
Late. Retumba. Duele. Explota. Muere. Sobrevive. Como los buenos corazones. Como los corazones muertos mil veces. Como los ojos rotos. Como las bocas rotas. Como las manos muertas. Como las uñas mordidas. Como los estómagos flacos. Todos hemos vivido, sobrevivido, sobremorido, alguna vez, o varias, sin corazón. 
Vagina. Profunda. Oscura. Hambrienta. Sacia más que un ventrículo. Cada músculo su función. Y en el patio de butacas. Un coño. Una polla. Un latido gigante. Corazones ausentes. Medio aplauso. Me limpio nuestra corrida con el telón.

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domingo, 28 de mayo de 2017

Sé.

Lo sé.
Sé que me espías.
Sé que me visitas.
Sé que me lees.
Cada día. Cada publicación. No comentas. Te masturbas. E imaginas.
Me imaginas a mí. Desnuda. En cada postura que me describo. Abierta. Mojada. Expuesta. Cachonda. Preparada. Excitada.
Te imaginas a ti. En cada situación que describo. Detrás. Encima. Debajo. Empujando. Lamiendo. Mordiendo. Eyaculando. Follando.
Sé que te corres.
Sé que quieres comentar.
Sé que quieres decírmelo.
Sé que quieres hacer realidad cada post.
Sé que fantaseas.
Sé que me deseas.
Cada día. Cada publicación. Escribo. E imaginas que es por ti. Para ti. De ti. Y es posible. O no. La duda te enciende. Tocas tu polla. La acaricias. Cierras los ojos. Intentas verme. Dentro de tus cuencas. Desnuda de nuevo. Cabalgando tu pene. Erecto. Gordo. Duro. Me ves. Encima. Con el capullo dentro. Aprietas tu verga. Sientes mi coño. Gritas mi nombre. Porque lo sabes.
Lo sé.
Sé que lo sabes.
Ahora sabes que lo sé.
Pajeate.
Sé que quieres.
Sé que quieres que lo sepa.
Sé que quieres que te imagine.
Sé que quieres formar parte.
Sé que tu polla también lo quiere.
Así que te escribo. Y te describo. Y bajo mis braguitas. Y meto mi mano entre mis labios. Y está caliente. Y está húmedo. Y mis dedos se pringan. Y mis dedos acarician. Y mi clítoris se hincha. Y tengo que dejar de escribir.
Lo sé.
Lo sabes.
Nos estamos masturbando los dos.


domingo, 21 de mayo de 2017

En el piso de arriba.

Quiero vivir en el piso de arriba. Ése en el que no sé quien vive. Pero viven. Y reviven. Mientras yo me remuerdo las uñas. Quiero ser yo quien despierte a la vecina de abajo, cada día a las siete y poco de la mañana. Mañana tras mañana. Día tras día. Sobresaltarla. Con ese aullido. Ese grito. Fino. Que atraviesa los oídos a cuchillo. Quiero ser yo, la que parezca que me están rajando desde la boca hasta el culo. Quiero ser yo, la que llene el silencio frío con un gemido caliente. Quiero ser yo, la que atraviese imaginaciones. Porque sólo se me escucha a mí. En el último piso. Invisible. Mudo. El vecino. Que debe ser magnífico. Sólo alguien maravilloso provoca esos gritos día, tras día, tras día, a las siete y poco de la mañana. Sólo alguien maravilloso hace del inicio de tu mañana algo maravilloso. Y caliente. Los gritos derriten las paredes. No resiste nada el pladur. La muchacha lo resiste todo. Quisiera saber que es éso irresistible que la resiste cada mañana. Y algunas tardes. Después de comer. Hora de sobremesa. Sobrealfombra. Sobresofá. Sobre lo que sea. También debajo. Ni siesta ni pollas. Bueno pollas sí. Al menos ésa. Que hace gritar de esa manera. Vivo taquicárdica perdida. Me despierto acelerada. Pero sola. Y esos gritos. Ahí arriba, que no son míos, aunque los quiero para mí. Más tarde se escucha la ducha. Ya no es importante. Ya pasó lo bueno. Hasta la sobremesa. Primera hora de la mañana. Primera hora de la tarde. Quizá también a última hora de la noche, ya más en silencio, en calma. Quiero imaginar que sí. Porque yo quiero ser la vecina de arriba. Tres veces al día. A las tres horas casi en punto. Siempre a punto. Ya no quiero seguir suspensiva.
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Piel

A veces mi piel no es mi piel. Es la piel de otro cubriendo mi cuerpo. Otra piel haciéndose pasar por mi piel. Tu piel necesitando mi piel. Mi piel imaginando otra piel. Piel ajena siendo propia piel, sin estar.  A veces sólo estoy yo. En soledad. Con esta piel. Cierro las piernas. Cierro los ojos. Ambos muy fuerte. Y un destello. Interno. Me atraviesa. Desde el pubis hasta el cerebro. Explota. En forma de algo sabroso. Relamo. Mi lengua. Y. Entonces. Ya no soy. Mi piel. Soy piel, tan sólo. Alguna otra piel. Que se apodera de mi carne. Para volverme líquida. Muslos abajo. Tan abajo, que en mis tobillos. Podría estar tu lengua. Jugando. A subir. Hasta mi ombligo. Yo líquida cuesta abajo. Tú denso, cuesta arriba. En el ombligo tropezamos los dos. Quizá un poco más abajo. Hoy no me apetece decir coño. Porque lo tengo. Respingón. Líquido. Y tu lengua tan densa. Podría morir si digo coño. Hostias. Quiero morir. Voy a decir coño. ¡ Coño!. Deja ahí tu maldita lengua. ¡ Muéreme!. De piel. Líquida. En tu boca densa. Con mi coño dentro. Haciéndose piedra. Piedra. Que se licua. Para volver. A hacerse. Piedra. En tu boca de piedra. Con tu lengua líquida. Ahora dime polla. Aunque no la vea. Susúrrame... polla. Grítame ¡ polla!. Dame,  polla. Dura, densa, piel. Dámela. Dentro de lo más adentro de mi coño respingón. Y reviéntame la piel que no se ve, hasta que tu polla de piedra, se vuelva líquida. Fóllame, hasta dejarnos, sin coño, sin polla, sin piel.
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jueves, 18 de mayo de 2017

Bochorno

Bochorno. Calor. Pies de madera. Apenas un  hilo de aire. Sin calcetines. Sin  pantalones. Sin camiseta. Fuera el top. Fuera las bragas. Desnuda. Me sobra la cama. Bochorno. Calor. Piernas abiertas. Coño húmedo. Axilas sudadas. Me sobra bochorno. Me falta aire. Me falta vergüenza. Me sobran ganas. Pero hace tanto calor. Manos de piedra. Duras. Inflamadas. Secas. Calor. Calor. Calor. Aquí no hay quien duerma. Me suda el pelo. Me sudan las pestañas. Me suda el coño. Húmedo. Sudado. Suave. Dulce. Salado. Cachondo. Sobre esta cama que sobra. Abro las ventanas. Del todo. Entra algo fresco. Entra luz. Qué le den por culo a todo. Culo sobre la cama. Que se eleva. Mientras la espalda se arquea. El coño se abre. Para recibir. Mis dedos. Unos pocos. Casi todos. Todos. Mano entera. Chorreo. Gemido. Grito. Suspiro. Aire. Garganta seca. Quejido. Ojalá pudiese morderme mis propios pezones. Ojalá fuese de carne ésto que tengo al lado. No me apetece meterlo. Son casi las doce. Comencé a las diez. En realidad ya me he hecho la paja. La estoy escribiendo. Después de casi dos horas magreándome el coño. Pasando mi pequeño vibrador por el clítoris. Los labios. El montecito rico de terminaciones nerviosas. Casi una hora, casi llegando. Al clímax. Sin llegar. No quiero. Un ratito más. Qué rico. Cuanto me gusta. Joder. Qué buena estoy. Joder. Qué buena está. Esta paja infinita. De infinito calor. Y aire. Masturbarme. Follarme. Joderme. Hacerme el amor. Penetrarme. Pajearme. Círculo vicioso. Con mi juguetito en círculo. Sobre la carnecita circular. Que palpita. Da calambres. Y me hace. Gozar. Jadear. Chillar. Pedir. Gritar. Morderme el labio. Soñar contigo. Con tu polla. Enorme. Tus huevos llenos. Depilados. Que metería ahora en mi boca mientras casi me corro. Lamería, todo tu escroto. Palparías mis pechos. Los machacarías. Y luego un beso. Enorme. Eterno. Denso. Bochornoso. Lleno de lengua. Saliva. Falto de aire. Lleno de carne. Y llena de carne yo. Con tu polla entrando. Llenando. Llegando. Al fondo de mi coño. Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah. Me fui. Ya no estoy. Ha sido tu polla. Ha sido mis manos. Ha sido mi juguete. Y la sábana echada a perder. Mojada. Sucia. Con olor a coño. Recién corrido. Y mi cuerpo laxo. Con mis tetas desparramadas. Mi mano en la entrepierna. Para sujetar. Esa corriente. Después de la explosión. Que todavía me dura. Y quiero que esté. Cuando vuelvas.
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sábado, 13 de mayo de 2017

Polla pequeña, NO.

No soporto las pollas pequeñas. Me da igual lo que digan. Ja. Un hombre seguro de sí mismo, con la polla muy pequeña, le soplará lo que yo opine. A un hombre experimentado en el sexo, con las cosas claras, y que no da nada por supuesto ni sentado, le dará igual. Aplaudirá, incluso. Pollas pequeñas. No las soporto. Y no pienso pedir disculpas. Como si fuese algo malo. Como si me creyese superior. Como si no debiese. No las soporto. ¿ Y qué?. Mi coño es pequeño, quizá tampoco le guste a alguien. Aunque con el paso de los años, voy descubriendo. Que los hombres tienen menos filtros. La mayoría porque un polvo es un polvo, y es suficiente con que una mujer no sea orco. La minoría, la chachi, no soportan según qué cosas. Como yo las pollas pequeñas. Pero a mí no me filtran, porque saben que doy morbo, que soy sexy, que adoro follar. Y puede que no encaje con el amante. Aunque ambos sabemos, que por lo menos habremos aprendido y disfrutado. El caso es que yo. No. No disfruto de una polla pequeña. No me llena. No me excita. No la siento. No da juego. No me agrada a la vista tampoco. No. Y no. No voy a tolerar que me digan que tengo un problema. Una limitación. Como si tuviese algún tipo de incapacidad sexual, o física. Que si no me valen todos los hombres del mercado por el tamaño de sus pollas. Que igual alguien me gusta pero su polla es pequeña y la jodí. ¿Y?. A mí no me vale todo el mercado masculino por mil cosas. Pelos en la espalda. Olores corporales. Obesos. Muy bajitos. Feos de la muerte. Latinos. Sí, seguro que pueden ser encantadores. Excelentes amigos. Pero follar, oh, follar es otra cosa. Es morbo, pasión, líbido, sex appeal, seducción. Y yo, lo siento. A estas alturas sé que me seduce y lo que no. El ojo es importante. Aunque a veces, alguien puede llegar a sorprenderte. Y es que tampoco se trata de es mi tipo, no es mi tipo. Sí, la mayoría de las veces, porque conocemos nuestro cuerpo a estas alturas, y lo que hace que se nos revolucionen las bragas. Pero puede haber alguien que se salga del mapa, y bienvenido. A pesar de éso, lo que no se soporta, no se soporta. Ni una polla de treinta. Ni una polla pequeña. Ni quiero morir empalada. Ni dejar de sentir algo que llene mi coño. Y mi coño no es especial, ni limitado, ni incapaz. Es un coño seguro, bregado, logrado con el paso de los años, sabio, selectivo. También mi mente. También mi líbido. Y éso no me hace ni encasillarme, ni limitarme. Me hace segura. Segura de lo que quiero yo, y de lo que quiere mi coño. Igual follo menos, pero es que yo FOLLO, no me conformo.
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lunes, 8 de mayo de 2017

Sofás.

Los carga el diablo. Una va a tomarse unos mojitos. Le ponen daiquiris. Se asoma al fondo. Decoración muy hippie. Todo sofás. Ancha es castilla. Para una primera cita. Daiquiri que baja. Risa que sube. Cojín para aquí, cojín para allá. Me acomodo. Te acomodas. Esa mano que acaricia. Ponga otros dos, camarera. Ese beso. Buen morreo. Otro morreo. Alarma en las bragas. Plim!. Menos mal que estamos solos. Monto a horcajadas sobre el que era un desconocido hace dos horas. Me sube la camiseta. Toma un sorbo de daiquiri. Y tres sorbos de mis tetas. Espero que la camarera no aparezca en este preciso momento. O sí. Ay, qué más da. Qué rico. El daiquiri. Y ese chupar de pezones. También. No pares. Vaquero contra vaquero. Cabalgando en un sofá de un garito cualquiera. Noto la polla. Empapo la tela. Sus manos en mi culo. Todo muy adolescente. Como en aquella discoteca juvenil. Qué recuerdos. Entonces había que llegar a casa a las doce, o a la una. Con un calentón de cojones, y mucha vergüenza. Hoy cojo a los cojones por los cuernos.  ¿ A mi casa? .Sí. Buscamos el coche. Más besos. Caricias por callejuelas. Tiquet. Semáforos. Un botón. Vaquero semibajado. Esa mano. Que va al pan. Y sube el pan. Subo yo. Me subo por las paredes agarrada al reposabrazos de la puerta del coche. Gimo. Cien coches pasan. Su mano se posa. Investiga. Pellizca. Encuentra. Creo que he empapado el asiento. Cierro los ojos. Gira el volante con la izquierda. La derecha en mi coño. Dos dedos dentro. Cuando llegamos. Falta un poco. Agarro su mano, con mi mano. Aprieto. Quiero más dedos dentro. Más adentro. Más adentro.  Pero chiquilla. Mmmm. Uf. Gimo. Vuelvo a gemir. Alguien pita. Me la suda. Yo también sudo. Con este sol. Y este calor. Y mi coño en un asiento. Y esos dedos dentro. Y alguno fuera. Llegamos. Subimos. Abres. Otro sofá. Día de sofás y asientos. Fuera camiseta. Fuera sujetador. Fuera tetas. Chúpalas. Y las chupa. Y las muerde. Y me tira en el sofá. Adiós pantalones. Y bragas. Estoy desnuda. Otra vez con todos esos dedos dentro. Ya totalmente dentro. Me arqueo. Mientras me chupa. Mientras me lame. Se acerca. Se acerca. Se acerca. Ya está dentro. Toda dentro. Me doy la vuelta. Veo todo el sofá. No sé que pasa detrás. Pero pasa de todo, porque grito, chillo y aúllo. Se desmontan los módulos del sofá. Casi me caigo. Nos recogemos mientras me empotra. Mi cabeza casi en el suelo. Mi culo casi en el techo. Su polla llegando a mi garganta. Pum. Pum. Pum. Pum. Pum. Ahora mi cabeza contra el respaldo. Mis caderas a cien por horas. Yo también me muevo. Mi culo contra la polla. Toma. Toma. Toma. Toma. Su mano en mi coño. Su mano en mis tetas. Mi grito en el cielo. Mis piernas perdidas. Corremos más que el coche. Este coño va a toda velocidad. Pum. Pum. Pum. Pum. Es de noche. Ya es de noche. Ya me fuí. Ya nos fuimos. Corrida en mis caderas. Es hora de irse. Es hora de contarlo. Es hora de un paracetamol. Menudo dolor de cervicales. Y el coño, pidiendo más guerra.
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domingo, 7 de mayo de 2017

Domingo preguntón.


Esta semana me propusieron sexo virtual. Por webcam. Dije que no. No me apetecía. Estoy en un punto extraño conmigo misma, y con el mundo. Y el sexo es parte de mí, y tiene que ver con el mundo. De hecho es un mundo. Así que, agradecí a mi amigo la oferta, y le dejé que se explayara con otra. Me daba cierta pereza motivarme, ver sus calzoncillos descendiendo poco a poco. Para ver su polla. Sus huevos. Seguro que me hubiese apetecido lamerlos. Darles mordisquitos. Chuparlos. Y sacar mi lengua puntiaguda para subir por su polla como si fuese un polo de fresa. Enredarla por todo el falo, hasta llegar al prepucio y allí atacarlo a remolinos. Me daba cierta pereza, desvestirme. Subir el top y dejar mis tetas al aire, rebotando contra mi tórax, con mis pezones todavía planos apuntando a ninguna parte. Bajar mis shorts, mis bragas, mi pereza, y poner el coño delante del móvil. Qué feo se ve. Abrirlo, y enseñar ese secreto ibérico recogidito y esponjoso. Seguro que me hubiese apetecido que me lo lamiesen. Que me dieran mordisquitos. Que me lo chuparan. Y que sacara su lengua puntiaguda para subir entre mis labios como si fuese un merengue de fresa. Enredarla por todo mi coñito, hasta llegar al clítoris y allí atacarlo a remolinos. Bah. 

Ayer me propusieron sexo telefónico. (hola!, sé que me estás leyendo C.). Dije que no. No me apetecía. Estoy en un punto, bla, bla, bla. Hace tiempo que unas letras repentinas hablando de sexo en la pantalla no me dicen nada. Hace tiempo que unas palabras al oído hablando de sexo no me dicen nada. Y mirad que ando caliente como una plancha. Pero falta ese click. Hay algo más seductor que todo éso, más complejo. más elaborado, o no. Quizá cualquier tontería podría ponerme más cachonda que una polla, o un relato. A ver si voy a ser pansexual. O sólo me hace falta un buen polvo de cinco horas para dejarme calladita. No lo sé. Otro día lo cuento. Que tengo ganas de piel. De polla. Y de huevos. De los gordos, de dos yemas. Con su polla muy gorda también. Chorreando entre mis tetas después de habérmela comido con más ganas que vergüenza. 

Así, que. Os pregunto. ¿ Qué os parece este tipo de sexo alternativo para cuando hay ganas, pero nada a mano?. ¿ Un complemento?, ¿ un tonteo sano?, ¿ una experiencia?, ¿ con conocidos, con desconocidos? Antes había telescopios, mirillas, y mucho morbo. El morbo es fundamental. Lo sorprendente. ¿ Qué tipo de sexo de este estilo os daría un morbazo que os cagáis? Animáos, anda, y no sólo los chicos. Contadme. Prometo contar yo también si se tercia. Total, siempre os lo cuento todo. Y estaría bien que el blog volviese a ser participativo como antes. ¿ Veis? He escrito ésto y me he puesto cachonda. Quien sabe, quizá pruebe algo antes de salir. Gracias! 
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viernes, 5 de mayo de 2017

Mordiste

Mordiste mi cuello. Fue lo primero en lo que te fijaste. Hoy. Y siempre. Siempre te fascinó esa curva hacia mi clavícula pronunciada. Mordiste. Sentí tus dientes, duros, crueles. Luego tus labios, frescos, húmedos, dulces. Cerré los ojos. Cayó la toalla. Casi resbalo. Recién duchada. Me recogieron tus manos. Para empujarme con fuerza a la ducha otra vez. Tus manos, subiendo a mis muñecas. Sujetándolas contra los azulejos todavía con gotas. Tu cabeza, en mi nuca. Con mi pelo todavía con gotas, en tu frente. Tus pies, contra mis pies. Forzando mis tobillos, mis gemelos, mis muslos, en tensión de casi ángulo recto. Tus caderas, firmes, presionando mi piel. No sé donde. No sé como. Arqueaste mi cuerpo hacia abajo. No sé como. Me dejé hacer. No sé como. Esa presión en mis nalgas. No sé como esa polla. No sé como, de repente entró. De pronto estaba dentro. De repente chillé. De pronto tus huevos golpeando mi culo. De repente yo rebotando contra la pared. De pronto tú, llamándome puta. De repente la ducha, que parecía que iba a romperse. Los azulejos, el mundo, el cuarto de baño, mis piernas, mi coño, tu polla. Y nos rompimos. Ambos. En un nuevo grito, conjunto y profundo. Un grito animal. Arañando azulejos, arañando mi corrida, arañando mis cabellos en tu boca, arañando lo más  profundo de mi coño porque siempre la has tenido estupendamente gorda. Te dije, para. Y no paraste. Sólo soltaste mis manos para que pudiera acariciarme el pubis, apretarlo, sostenerlo. Parecía que iba a caerse, después de un orgasmo rápido y brutal, todavía con tu polla dentro, con mis jugos dentro, con tus ganas dentro. Mis manos hacia atrás. En tus caderas. Mientras volvías a entrar y salir. pero sin salir nunca del todo. Mientras tus huevos golpeaban una y otra vez, donde más me gusta que golpeen. Mientras te decía hijo de puta. Mientras yo me agachaba más. Mientras tú apretabas mis tetas. A dos manos. Mientras tú apretabas mis tetas. Con una mano. Mientras tú comenzabas a jugar con mi clítoris. Con la otra mano. Me perdí. Juraría que eran una docena de manos. Juraría que era cuarta docena de pollas. Juraría que grité dos docenas de veces. Juraría que juré, perjuré, y me acordé de algún dios y de tus muertos. Me encontré. Volví a correrme. Yo dentro. Y tú sacaste la polla para cubrirme el culo a chorrazos calientes. Lefa. En mi culo. Y yo recién duchada. Recién follada. Recién cubierta de esperma. Entonces me diste la vuelta. Me besaste en la boca. Y diste. Ahora que estás sucia, vas a follarme tú. Ahí sí que me perdí, del todo. Ya es por la tarde, y todavía no me he encontrado.
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jueves, 4 de mayo de 2017

No todo es sexo. Dolor.


Difícil el día de hoy. Mortal sin estar muerta. Pero casi. No ha sido fácil poder abrir los ojos por fin a media tarde. Tampoco sentir cuchillos cercenándote la columna desde la coronilla hasta el coxis. Columna partida en trozos. Cada trozo un inmenso dolor. Oscuridad. Martilleo en la cabeza. Pierna paralizada. Cualquier movimiento era una inmensa tortura. Como para pensar en sexo. Como para intentarlo. Como para desearlo. A veces los días son un impás, un silencio lento y roto, una puta mierda. Mi boca se ha follado tres paracetamoles y un ibuprofeno. Al menos ya puedo estar sentada, dolorida, pero derecha. Todo está yendo mejor. Lo noto en mis pezones. Se están poniendo rebeldes. No es el momento, pero mira. A falta de polla, pezones saltarines. Algo haremos. Últimamente está así la cosa. El día que os cuente un polvo, estalla blogger. Yo habré estallado primero. Yo y estas telarañas invisibles que creo que me han hecho virgen de nuevo. Imagino una polla, ni grande, ni pequeña, gorda sí, ponedle unos veintiún centímetros. Sí, me haría pupa. Pupa, pupita. Tendría que ser despacio. Con cariño. Con mimo y con paciencia. Ya, después, llamamos al empotrador. Mientras, empapelemos. La piel. De besos. De caricias. De lenguas. Hoy ha sido un día muy duro, lástima de una noche con una polla dura. Tengo cuatro o cinco en espera. O éso creen ellas. Pero yo no las quiero. Yo te haría, Yo te comería. Yo te subiría al hostal. Yo te daría. Pero no. Debo de ir muy vieja. Sé tanto lo que me apetece, que si no se acerca, no lo quiero. Aunque me arañe un gato por dentro. Quizá más adelante, cubierto el cupo de lo que mi mente insiste en necesitar. Y me da igual. Que me digan ñoña, exquisita, mojigata, que pido demasiado. Sé lo que valgo, aunque a veces me olvide, o me pierda entre mis autoestimas de quita y pon. Un polvo es fácil. Yo no. Un mete saca. Me apetece más. Ustedes disculpen, caballeros indignados. Lo que me ha dolido hoy la cabeza. La columna. La pierna. No era ni medio normal. Yo tampoco. Quien quiere ser normal. De doler que duela a tope. De desear, que se desee a tope. De follar, follar a tope. A mi ritmo, y a mi manera. Qué carajo. Que no coincide con la tuya, Y a mí qué. Igual es la tuya la que no coincide con la mía. Y a ti qué. Hubo quien me dijo que buscaba una relación, y luego me habló de un hostal, y luego que no, que yo era diferente, pero que hablaríamos. Un ejemplo. No son todos iguales, pero actúan parecido. Vivimos en  un mundo de oferta y demanda. Y si no soy yo, será otra. Follar es fácil. Follar con calidad, no tanto. Y no pido amor, pero sí algo bonito. No de disney, que no soy gilipollas. Pero sí lo que hace tiempo que no tengo, y por qué cojones tengo que conformarme. Confórmate tú, que te vale todo. A mí no. Yo no te juzgo, no me juzgues tú a mí. Menos hoy, que me duele todavía un poco todo. El coño no. Sólo lo tengo hinchado de tanto que me tocáis los cojones. Ovarios hinchados como melones, Y ya no tengo la regla. Ha vuelto el flujo, ése de cuando me pongo un poco cachonda. Cuando me pongo mucho chorreo. Es una barbaridad. Menos mal que alguien inventó las toallitas húmedas. Es lo ideal para coños húmedos. Se avecina una noche muy larga. He intentado dormir todo el día para no sentir dolor. Así que no tengo sueño. Tengo un coño. Dos manos. Unos ovarios tremendos.  Y el listón un tanto alto. ( éso dicen, en realidad no, es que los demás lo bajan demasiado). Entonces me meteré en la cama. No pensaré en nadie, porque no me gusta nadie. Estoy harta de seres de poca altura. Poca palabra. Mucha cobardía. Me dedicaré a mí. A lo poco que queda del dolor. Y de un día triste. Pasaré a una nocturnidad alegre con un montón de alevosía. Ya lo estoy premeditando. Horas. Que haré muy largas. Que me llevaré hasta la mitad de un clímax potente, y me haré volver. Una paja puede durar todo lo que una quiera. Todo lo que una necesite. Todo lo que a una le salga del coño. Presiento, que también de todo lo que a una le entre. Os dejo apostar. Y apostaros. Total, no me lo vais a decir. Buenas noches. 

miércoles, 3 de mayo de 2017

Triste. Y cachonda.


Ahora cachonda. Ciclotimia menstrual a su declive de ciclo. Han bastado dos horas de sol. Con esos rayos potentes traspasando la tela del bikini. Cercenando mis pezones más allá de mis pechos. Horadando mi pubis recién depilado. Calor sumo. Calor. Hiriente. Como clavos de luz arañando esas parte que tanto me gusta arañar. Pellizcos invisibles. Cálidos. Ardiente el sol. Ardiente mi piel. Ardientes mis labios. Los cuatro. Seca la boca. Húmedo el coño. Resbaladizo. Meloso. Chicloso. Esponjoso. Líquido. Carnoso a la vez. Caliente. Y cachondo. Tristeza a tomar por culo. A la ribera del río. Patada. Hostia. Hostia ya. Ojalá no hubiese nadie. Ciudad  vacía. Sólo alguien tras las ventanas. Esas pequeñas que me miran lejanas.Me quitaría el top. Me quitaría el bikini. Desnuda. Sudada. Cálida. Sol encima. Césped debajo. Abriría las piernas. Sol en el coño. Clítoris cubierto de sol. Hinchado. Duro. Picudo. Feliz. Es excitante el sol en la piel Son excitantes mis manos. Presionando los pezones hasta hacerme decir ay, y quizá un poco más. Son excitantes mis dedos. Redondeando mi clítoris, hasta hacerme decir uf, y quizá un poco más. Remolino. De tréboles. Rayos. Truenos en mi interior. Dedos. Espuma. Creo un mar entre mis piernas. Salado y embravecido. Oleaje. Que viene y va. Como este cuerpo arqueado. Ardiente. En tensión. Con las  piernas en abertura infinita y tensa. Un tobillo en oporto y el otro en cadaqués. Coño al medio Capital del mundo. Centro del universo. Agujero negro, tibio, líquido, denso y profundo. Cinco dedos, a falta de polla. Otros cinco estrujando mi teta izquierda. Exprimo el pezón. Con furia. Molinete furioso con el dedo en el botón de mi pubis. A punto de nieve. Estoy a punto. Grito. Nadie me oye. Me corro encima de los tréboles. Todos de tres hojas. No tiento a la suerte. Me he tentado a mí. Suficiente por ahora. Quien sabe esta noche. Tantos estados posibles. Y yo república independiente de mis ganas...

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Triste.

Triste.

martes, 2 de mayo de 2017

Siento frío.


Todo el sol del mundo. En mi piel. Cuatro horas, Casi. Con mi piel caramelo tostando. Sobre el césped. Una hora antes, caminaba. Miradas. Guiños. Sonrisas. Como cada día. No tengo nada especial. Pero puede ser que lo tenga. Y yo no lo sepa. Quizá mis letras. Yo no. Sensual y sexy. Puede. Hoy no. Tumbada al sol. Ese muchacho que me pregunta el nombre. Otro que pide hora. También el del perro. Vuelvo a casa con la piel ardiendo. Esta mañana ardía el coño. Debería haber aprovechado. Meterme los dedos hasta el tuétano. Exprimir. Todo el jugo. Jugo añejo. Acumulado. Acumulados los pechos. Llenos. Tirantes. Perfectos. Redondos. Duros. Día dos. Ya no duele. Éso no. Yo lo quería todo. Es imposible. Debería volverme lesbiana. Puede que una mujer me entienda. Pero no tiene polla. Sería de plástico. Y ya tengo. Al menos serían unas manos diferentes. Una boca diferente. Una piel distinta. También un coño. Ya tengo. No me apetece. Fantasías tenemos todos. No quiero un coño pegado a mi coño. Labios entre labios. Clítoris contra clítoris. Si creyese en dios podría meterme a monja. No lo llevaría bien. Odio los uniformes. La uniformidad. El recato. La devoción. La ejemplaridad. Amo el azar. Así que juego. Fuera del casino. A ver si gano. Si gano todo, aunque sea un poco. No tengo suerte. Abandono a la suerte. A ella sí. Hace tiempo que lucho por lo que quiero. Por mí. Ultimamente me estaba conformando demasiado. Yo me lo merezco todo. Mi coño más. Que lo traten como un todo de mí. No como un pedazo más. Ni a mí como un pedazo de coño. Ardo por fuera. Ardo por dentro. Tengo un nudo en el estómago.  Y el coño hecho un nudo. Aún así, me muero de frío. Me congelo. Se me congela el coño, las ganas, las lágrimas. Qué ganas de llorar. ¿ Podría llegar a estar un año sin follar? Probemos. Candidatos no faltan. Quien quiere candidatos. Para qué. No abro más la puerta. Es un sinsentido. Siempre falla algo. Alguna confusión. Y yo lo quiero todo. Como siempre. Sobre todo me quiero a mí. Que me deseen como yo quiero. Entonces el frío, un frío que quema. Laxas las tetas. Caídas. Yermas. Secas. Seco el agujero del coño. Marchito. Sin vida. Hoy. Mañana me haré una paja sin querer queriendo. Me violaré. Me forzaré. Patalearé. Lloraré. Tengo que sacarme de ahí dentro. Sentir. Gozar. Vibrar. Sí, con mis dedos. Con mis manos. Con mi polla de látex. Con mi vibrador. Con pilas. Con lubricante. Sin condón. A pelo. Puede que me folle hasta el culo. Puede que me folle hasta la boca. Frente al espejo. Viendo entrar y salir veinte centímetros fucsias. Olvidaré que soy yo. Imaginaré que es otra. Caeré entre mis propios brazos. Y al terminar. Volveré a empezar. Me follaré hasta que no pueda follarme más. Mañana será otro día. Yo seguiré siendo la misma. Alguien habrá que sepa hacer el amor. Que sepa hacer el valor. Y dármelo.
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lunes, 1 de mayo de 2017

Piel de nada.


Ganas. De nada. Perdida. Gracias. Ganas de nada. Muy perdida. Sin gracia. Desgracia en la entrepierna. Sin ganas, de perderte. De perderme, pero sí. 
Apenas ganas. Pero un montón de ganas. Otras ganas. Ganas de ganar. De perder este dolor de tripa. De cabeza. De pechos. De perderlos. Desganada. Desperdida. Desperdigada. Sobre la cama. Sólo yo. Sobre yo. Sólo unas bragas. Finas. Suaves. Suave. Sólo la braga. Sólo mi piel. Perdida. Entre ganas. Entre sábanas.  Y de pronto un beso. En el tobillo. Dos besos. Dos tobillos. Tres besos. Un tobillo. Treinta besos gemelo arriba. Cuarenta besos subiendo muslos. Cincuenta besos bajo mi ombligo. Sesenta besos hacia mis pechos. Setenta besitos destetados. Ochenta besos por mi cuello, noventa en mis sienes. Centenar en mi boca. Caricias mil en mis muñecas. Sin canesú. Con braguitas. También caricias. Pierde el dolor. Haz que se pierda. Mátalo. Con besitos. Besitos de boca. Besitos de piel. Por toda mi espalda. Por todas mis lágrimas. Por toda esta pupa. Asco de ovarios. Asco de ganas. Asco de nada. Pena de todo. Besitos. Con yemas. Tus diez yemas. Son casi una docena, por mis kilómetros de piel. Por mis millares de lunares. De pecas. Que pecarán mañana. Hoy besos. Hoy pluma. Hoy piel. Hoy caricia. Suave. Fina. Extrafina. Extrasuave mi piel. Mis glúteos. Mis cachetes. Mis nalgas. Mi culo en pompa. Tu mano en mi pelo. No hay dolor. Todo es un beso. Todo es tu mano. Todo es mi piel. En tu yema gigante. Siento tu polla entre las laderas de mi culo. Prieta y dura. A la espera. Sabe que estoy perdida. En este dolor estúpido. Que sólo tiene ganas de besos. De piel. Erizada. Extrema. Que levita. Que se excita. Que se arrima. Que busca tu boca. Que busca tus pechos. Que busca tu ombligo. Que busca tu miembro. Me pego como un belcro. Mi pecho en tu pecho. Mi ombligo en tu ombligo. Mi pubis en tus huevos. Abrazo. Caricias. Besos. Profundos. Lentos. Densos. Revueltos. Perdidos. Pellizco. Mío en tu culo. Tuyo en mi teta. Me río. Me muerdes el cuello. Puede que esté pasando. Todavía no está sucediendo.
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domingo, 30 de abril de 2017

Premenstrual.

Ovarios. Run, run, run. Todavía no duelen mucho, que dolerán, y un montón. Pero ahí están, centrifugando, avisando. De que están a punto. Sí duele el costado. Y un poco más arriba. Estoy mareada. Tengo ganas de vomitar. Un cansancio enorme. Fatiga muscular. Inflamada la garganta. Mierda de regla. A mí me provoca todo ésto. Y más. Bendita regla. Sin ella estaría peor. Ajo y agua. También dedos. Ojalá pudiera encajarlos todos ahí dentro. Olvidarme de estos pechos hinchados. Exhuberantes ya de por sí, hoy desbordan. Duros. Gigantes. Los pezones. Sensibles. De un rosado fuerte. Menudas tetas. Menudo vientre. Hoy la lorcita es lorzota. Flotador menstrual. Toda yo un poco más carnosa. Un tanto más sensible. Un muy cachonda. ¿ Y tú?. Donde carajo te has metido. Tú y tu carajo. Me hace falta. Dentro. Muy adentro. Calmando el dolor. El deseo. La locura. No esta tableta de chocolate puro. Y estos dedos. Estas manos. Este vibrador. Este dildo. Creo que me quedaré insatisfecha. Explotaré. Gemiré. Me derrumbaré sobre el colchón exhausta, liberada y chorreante. Quizá media hora. Una como mucho. Calmaré mis ovarios. Calmaré mis pechos. Calmaré mi clítoris. En esa mierda de instante en soledad. Te insultaré. Te follaré con la mente. Me pondré encima y debajo de ti. Morderé la almohada pensando en tu cuerpo. Meteré todos los dedos que pueda dentro de mí. Te sentiré detrás. Te sentiré en mi pubis. Te sentiré en mis pechos. Te sentiré en mi boca. Abriré los ojos durante el orgasmo, y me veré sola. Con un juguete. Desnuda. Desparramada. Despeinada. Deseosa todavía de tu polla. De tu lengua. De tus dedos. Vacía. Recién vaciada. Sin haber estado llena. Un pequeño remiendo para este enorme descosido. Supongo que bajará hoy. Mañana estará apoteósica. Pasado, no sé. Pasado tendré unas ganas que me muero. Y al otro, Y al otro. Tendré que masturbarme hoy para todos esos días. Tomar la delantera. Acumular reservas. Sin ropa. Sin ti. Sin aire. Orgasmo, tras orgasmo. Pura compulsión. Pura perversión. Pura frustración. Ahora a cuatro patas me incorporo. Cojo esa polla de látex. La miro con tristeza. La miro con apuro. La miro hasta que ya no puedo mirarla. Y desde la punta, hasta sus cojones artificiales desaparece dentro de mí. Zum!. Subo y bajo. Bajo y subo. Contraigo. Expando. Sueño. Es él. No es. Es. No es. Voy a llamar a mi pollón, Margarito. Qué cosas se me ocurren mientras follo. Me río. No tiene gracia. Es látex. Inerte. Inanimado. Insípido. Inmóvil. Y yo que me muevo. Subo y bajo. Bajo y subo. Voy dejando un rastro de moco un tanto blanquecino. Lubrico. Lubrico más. Resbala. Me llena. Me vacía. Me vacía, Me llena. Pero de mentira. Aprieto los ojos para convencerme. Me masturbo con una mano. Con la otra me aprieto un pezón. Intento apretar los dos. Muerdo mi labio. Ya no me duele nada. Ya no siento nada. Soy un trozo de carne cabalgando una polla de plástico. Me empotro a mí misma contra el juguete. Más. Más, Más. Mi dedo me masturba a una velocidad alucinante. Mi coño al galope desencajando mis caderas. Ahí voy. Grito en silencio. Me corro. Dejo todo perdido de líquido y de corrientes alternas que salen de mi interior. Caigo rendida. Boca abajo. Ya está. Ya pasó. Tampoco ha estado tan mal. Probemos de nuevo, hasta que esté bien. Que no estará, hasta que estés.
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viernes, 28 de abril de 2017

Polladas.


No puedes, no sabes, romperme la boca, la garganta con tu polla. Te falta valor, te sobra arrogancia. Inseguro, es cierto. Con el prepucio en tu mano, sin saber muy bien si darás la talla. Pura fantasía ahora real a pie de sofá. Acojonado, con los cojones entre tus piernas. Colgando. Sin estar seguro de la batalla. Muchas ganas. Porque estás excitado. Pero en el fondo. No quieres llegar al fondo. Pero te pica la curiosidad. Y el culo. Te rascas. Yo me río. Con las piernas abiertas. Me haría una paja para terminar antes. Pero ya llevo seis esta semana. Tengo callo. En la mano derecha y en el coño. Bostezo. Debería pintarme las uñas. Pero no me gustan. Me resulta hortera, vulgar, como tú, con tu polla en la mano sin saber que hacer. Cógeme del pelo, dime que te la chupe. Dime que te la mame. Que la bese. Que la muerda. Que la acaricie con mi lengua. Que me la trague. Fóllate mi boca. Haz que no lo soporte más, y te la coja entre  mis manos mientras te pido que me chupes las tetas. Que las beses. Que las muerdas. Más. Más todavía. Joder, te he dicho que más. Ay. Sí, me duele. Pero me gusta. Ahora muerde menos. Ésto no es un viaje con brújula, ni mapa. No soy una carretera. Ni tú un peaje. Se sabe como se empieza, se intuye como se acaba, el camino es incierto. Y éso, querido, es lo mejor del viaje. Tira esa mochila de mierda, suelta esos prejuicios, da un paso al frente. Déjate de gaitas, y dame la tuya. A mí. Porque soy yo. Y me quieres a mí. No porque no soy otra que no puedes tener, y te acercas inquieto, inseguro, despistado porque te doy morbo. Coge fuerte la polla. Abre tu capullo. Gordo. Sonrosado. Brillante. Desafiante. Fóllame. La boca primero. Luego el coño. Y sobre todo, o debajo, o de canto, a mí. Porque soy lo mejor que te habrías follado en tu vida. Y lo sabes. Deja de temblar.