domingo, 23 de abril de 2017

Fruta fresca al sol.

Tomar el sol. Desnuda. Con la piel al aire. Y el cuerpo al sol. Sol que muerde, que quema, que araña, que enciende, que marca. Al rojo vivo. Inflamada. Sudada. Ardiendo. Intensa. Los pezones de punta. Podrían arañar el cristal de esa ventana abierta. El clítoris de punta. Podría arañar la tela de esa cortina corrida. Corrida. Falta una. Faltan varias. En la cavidad de mi vientre. Y unas manos. Extendiendo. Recorriendo. Calmando. Refrescando. El calor. El ardor. La rojez. La tirantez. Los pezones. El clítoris. Nadie ha comido. Hay un cuenco de frutos secos. Con un chorrito de lima. Picotea la mano. Que va a la boca. Y vuelve a ir. Chupa los dedos. Chupa la lima, Chupa el maní. Chupa.Chupan. Los labios. Este sol de justicia. Injustamente se inflaman los labios. Frambuesas. En la cara. En las ingles. Jugosos. Rosados. Expectantes. Solitarios. Maldita sea. Cuanto sol y cuanto tiempo perdido. Y la mano yendo al cuenco. Y volviendo. Y haciendo parada entre las piernas. Pellizcar. Apretar. Gemir. De pronto escuece. Un segundo. Dos. Ay. Uf. Arf. Mano que huye. Curiosa vuelve. Con más lima. Aaaaaaaaaaaah. Lima fresca en el jugo del pubis. De un pubis ardiente. En soledad. Queda mucho para que haya compañía. Cuenco al aire. Al aire el sol. Al aire la piel. Al aire el calor. A tomar por culo. Masturbar. Este coño cítrico. Violar esos gajos. Hacer zumo. Desprenderse de pulpa, y de culpa. Conquistar el sol. Con las piernas abiertas al mundo. Como si todos pudiesen mirar, admirar. Esa fruta. Tan fruta. Tan puta. 
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sábado, 22 de abril de 2017

Noche, casi.

Casi las nueve, y es de día. Mira las nubes, mira el cielo, mira los tejados. Todo a la vista mientras se hunde el sol. Cuanto me gusta. Llegando el verano que las horas arañen minutos de luz, toda aquella que robó el inverno. Mis inviernos. Aquellos helados con la piel de punta y el vello de gallina, y unas bragas de tiro alto con su camiseta interior por dentro. Tan poco sexy. Y guardando el mejor calor a la vez. Pero ahora, que ya hace calor externo, que falta poco para que arda el aire, para que arda yo ( más), bendigo la noche. La bendigo desde mi ombligo impío, porque de ahí parten todas las noches que son capaces de engullir los días. Ahí, sobre un colchón yermo. Sin más sábanas que tu piel, y mi piel, revueltas, desparramadas, húmedas, sucias, como para echar a lavar. Pero no. Sigamos. Ensuciando. Que es gerundio. Del participio follar. Haciendo noche. Quiero noche. Mucha noche. Para el sexo me hace falta noche. Provócame una noche, créamela, créemela. Ya. Si se hace de día, cerraremos las cortinas, las persianas, sólo una rendija para adivinar tus ojos, y vislumbrar tu cuerpo. El sexo se hizo para lo noche. También follar. Es como un secreto. Un secreto negro y oscuro. Como tu boca porque no veo tu lengua, como mi coño porque siempre ha sido oscuro y negro. Por éso te gusta. Y metes el dedo. Tal si fuera una llaga, para escocerme y hacerme sangrar. Sangre roja en esta noche negra. Ya casi no hay luz. Mira las nubes, mira el cielo, mira los tejados. Por última vez. En cuanto se vaya el sol no volverán a ser los mismos. Serán siluetas. Incógnitas. Podría ser la nube. el cielo, el tejado. Así es la noche. Podría ser yo, tú. cualquiera. Desde la noche puedo ser cualquiera, y una cualquiera. Mientras me arrancas las bragas y el reloj marca las tres de la mañana. Metes tu mano, entre mis piernas. Buscas mis labios. Buscas mi carne. Buscas mi pequeño vacío. Y lo llenas, Buscando mi gemido. Tu dedo es yema cubierta de líquido. Espeso y caliente. Calientes mis tetas, y espesas. Desparramadas sobre mí cuando estoy boca arriba. Duras dentro de ti cuando  las muerdes. Éso es la noche. Tu mano follando mi coño. Tu boca comiendo mis tetas. Y yo sin querer dormir, pero haciendo que duermo. Cerrados los ojos para dejarme llevar. Me llevas. A lugares por conocer, pero terminaremos conociendo. Sin salir del colchón. Pero más que salidos. Cuanto más te sales, más entras en mí. Ya no sé si es tu dedo. O son dos. O son tres. O casi tu mano. O quizá te has puesto encima y estás intentando penetrarme. Yo que sé. Es de noche. Quien quiere saber. Fóllame ignorante cuatro o cinco veces, y cuando sea de día, cierra las nubes, cierra el cielo, cierra los tejados. Y fóllame, haciéndome el amor.

jueves, 20 de abril de 2017

Agujero.

De todos mis agujeros, elegiste el coño. Tú sabrás. Por qué. De todas tus búsquedas, me elegiste cinco minutos. Tú sabrás. Por qué. Sigues agujereando. Y buscando. Tú sabrás. Por qué. Mi coño abierto en dos. Mi lengua desenrollada sobre la alfombra. Mis ojos saliéndose de sus órbitas. Sabemos. Por qué. Por el ascua. Y la sardina. La del refrán. Y la que pita debajo del pantalón. Todo se reduce a éso. A un agujero del coño. A un pavo de acción de desgracias por rellenar. Un rato. Luego el siguiente. Producción en cadena. Agujeros, coños, polla. Besugos conversacionales. Debo ser del club que no pasa por mediamarkt. O perdí un  hervor cuando se me fue la olla. Da igual. Aquí el agujero de mi coño. Vacío. Impoluto. Brillante. Carnoso. Mojado. Tenso. Duro. Recién depilado. Dispuesto. Ya no más. Nunca más. No me folles las orejas para follarme el coño. Mi coño agujereado tan cercano al agujero de mi culo. Tan lejano del paraíso de mi ombligo. Tan harto del universo de mis tetas. Que no alcanza a los pezones. Como los alcanzaban aquellas pinzas de la ropa de madera. Que hacían de madera mis pechos para sentir un pellizco en el agujero del coño. En algún lugar de ese agujero estoy yo. Ojalá pudieras verme. No creo ni que me hayas mirado todavía. Aún así me follarías. Partida en dos en una alfombra sin pelo. Harta de vernos follar, mientras me penetras la boca. Ese agujero que quisieras mudo. Mudo el polvo. Muerdo el polvo. Esa tarima llena de polvo. Y de polvos de otras. Gimo. Grito. Quiero que me metas los huevos por donde no caben. Sin ruedas de molino. Ni comulgar. Paso. Dices pero no demuestras. Y yo aquí, con mi agujero. Haciéndome agujero oscuro. Reservando toda la fuerza de la galaxia para una polla honesta. Y tiesa. Y gorda. Y chorreante. Que me cubra de una follada sincera. A mí. Al agujero. Que lo tapone para siempre. Más allá de mí. Allá donde tu ves. Pero no miras. Creo que mi dildo de látex de veintidos centímetros lleva un agujero colgando. Dos pilas vacías de carga. Y una toallita húmeda. Húmedo agujero. Sin vacíos. Que para qué coño los quiero.
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miércoles, 19 de abril de 2017

Ráfaga.

Aire. Viento. Con las ventanas cerradas. Y las piernas abiertas. 

Hacía calor. Y yo cerré las ventanas. Cómo comenzó a correr el aire. Corría como los minutos, como su voz. Comenzó a quemarme el teléfono. Yo me quedaba sin aire. Y el aire corría entre mis piernas abiertas. Remolino. De palabras al otro lado del móvil. De viento bajo mi ombligo. Viento. Aire. Húmedo. Como una lengua. Queriendo atravesar mis bragas. Rompiendo el aire seco de la habitación. Rompiendo su voz. Haciéndola añicos. Pedazos. Cada pedazo una lengua nueva, allí, de nuevo, entre mis piernas. Lengua, aire, viento. A tomar por el culo mis bragas. A tomar por el culo esa voz en mi oreja. Clavándose en mi tímpano. Retumbando en mi coño. Haciendo aguas de mis bragas rotas. De mis silencios rotos. De mi ombligo todavía más rotas. De estas manos que quiero romper entre mis labios. Con la boca seca, en un grito seco. Con mis labios mojados, en dique seco. Creo que sobreviene tempestad. Vendrá detrás de mis dedos. De mis dedos rotos, rotos con aire y viento. Viento que me ha dejado él.  Y ahora no quedará más remedio que volar, tras volarme el coño. En mil pedazos. 



lunes, 17 de abril de 2017

Sexo. Y Punto.

Sexo.
Sin pelos en la lengua. Ni en el culo, a poder ser. Porque se puede tener sexo, hablarlo y escribirlo. O las tres a la vez. También a ser posible.
Sexo.
Sin dobleces, sin ambages, sin eufemismos. Porque la piel es piel, y la polla es polla, y el coño es coño. Para miembros los de un equipo, para vergel un parque natural, y para hacer el amor con amor, están otro tipo de páginas. Y de chicas.
Que no soy ni mejor ni peor, pero escribo a mi manera, follo a mi gusto, y hablando por los codos y tobillos no me gana nadie.
Sexo.
Con mis manos, mis dedos y mis teclas. Éso sí. Sin prejuzgar, juzgar, condenar y encasillar. Lo sé, soy chica. Mujer. Hablo de sexo, lo escribo, y si se tercia lo practico. Punto. Final. Aparte. Seguido. Suspensivo. Nada más que añadir.
Sexo.
En mi blog. En este facebook. Y tan natural. Me maravilló desde el principio la forma adulta y de calidad de la interrelación con mis textos. Así me gustaría seguir, ahora que he vuelto. Con ganas. De follar, de hablar, de escribir, un poquito más allá. Todo es un juego. Como la vida misma. Jugar aprendiendo.
Sexo.
¿ Que por qué? Porque por más en serio que te lo tomes, sigue siendo divertido.
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sábado, 15 de abril de 2017

Vino


Vino.
Y luego fui. 
Vino. Blanco. Creo que tres. Puede que cuatro. Incluso cinco. 


Vino. Hacia mí. Choque de labios. Estallido de lenguas. Culebras. Húmedas. Buscando el fondo de la garganta opuesta. 
Vino. Su mano a mi nuca. Y luego la pared contra mi espalda. Podríamos haber atravesado aquel edificio con mi culo y su antebrazo. Morreo a tornillo. Derretida en la acera. Haciendo aguas con mi nalga en tus manos. Vello de punta. Más de punta los pezones. Podría haber agujereado aquella camiseta con ellos. 


Vino. De repente el coche. No sé como. Estábamos allí. Subimos como pudimos. Metiste las llaves. Y volvimos a meternos la lengua. Casi follamos sobre la palanca de cambios. Con ropa. Con besos. Con manos. Con uñas. Con dientes. Con polla. Con boca. Con mi frente en tu muslo. Con la boca llena. 
Vino. Abriste otra botella a pie de alfombra. Apenas bebimos. Vino. De nosotros no quedó nada sin beber. Ya sin ropa. Sin vergüenza. Sin botella. El vino sobre mí. Su lengua. Toda yo. Y luego. Él vino sobre mí. Vino hasta dentro. Muy adentro. Vino hasta la garganta y sin beber. Vino tan dentro que la noté en la campanilla. Creo que tosí. Y luego grité. ¡ Más !. Vino otra vez. Y vino. Y vino. Y vino. Y yo no llegaba. Y ni falta que hacía. Quedaba noche. Quedaba polla. Quedaba vino. Quedaba yo a cuatro patas sobre una alfombra gris. Quedaba mi coño en pompa en la punta de su lengua. Quedaban cuatro de sus dedos dentro de mí. Quedaba por probar la cama. Quedaba por probar el sofá. Quedaba por probar la ducha. Quedaba mucha noche. Mucha polla. Muchas ganas. Así, que vino, y prometimos volver, hasta que yo me pudiese ir.

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miércoles, 12 de abril de 2017

Palmar.


Te tengo en la palma de mi mano. Te tengo comiendo en la palma de mi mano. Y me comes a mí. Desde la muñeca, hasta la yema del dedo. Te tengo en mi mano. Mientras me comes. Mientras abro las piernas hasta romperme en tres. Tensión absoluta en los músculos, tensión absoluta en el pecho, tensión absoluta en la punta de un clítoris duro e  hinchado. Mientras te meto en el coño a empellones. Y nadas allí, entre la carne caliente, jugosa y húmeda. Se oyen jadeos. Se oyen gritos. Se oye zorra. Se oye un más desesperado. Puede que sea yo, contigo, en la palma de mi mano, aullando porque no estás donde deberías. Encima, detrás o debajo. No en esta mano de mierda. Sucia. Pringosa. Vacía. Pequeña. Tanto que me cabe toda. Tanto que la chupo entera. Sabe a mí. A mí, sucia y vacía. Y pringosa. Probaré con la izquierda. Luego rebozaré mis tetas con las dos. Me pellizcaré hasta hacerme daño. Quiero pringosos también mis pezones. Duros como canicas de guá. Reventones. Vacíos. A dos palmas. Sin palmadas. Y un poco más abajo. Grandiosa, llena, empalmada.
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domingo, 9 de abril de 2017

Exigencia.

Podría no ser romántica, incluso he dejado de serlo con una lengua entre mis muslos. Pero no se trata de éso. Idealista. Mucho. Pero tampoco es la cuestión. La cuestión soy yo, con un interrogante enorme brotando del coño. Y qué. 

Y qué. Ardo. Me niego a pajearme. Masturbarse es un arte, un follarse exquisito, un saber hacerse el amor, un arma infalible contra el estrés o el dolor de cabeza. Pero no es tu piel cuando quiero una piel. Puedo prescindir. Es más, quiero prescindir. Hay días en que un sucedáneo, por más de lujo que sea, no es suficiente. 

Y qué. Ardo. Un puñado de meses sin follar. Me niego a un polvo. Para qué. Dos horas, tres. Una explosión. Un vestirse, un casi no acordarse a la semana siguiente. Fácil. Mi sexo no lo es. No hace el pino puente ni falta que le hace, Pero es inconformista. Le gusta dar la talla, y que se la den. Necesita su tiempo, su espacio, su todo. Como el amor, aunque no tenga nada que ver. No vale cualquiera, ni de cualquier modo. Cuando llega, se quiere absolutamente todo. Todo. Yo lo quiero todo. Por qué no. 

Y qué. Ardo. Duelen las tetas, el ombligo, dos pares de labios, un algo profundo allá donde no llegan mis dedos, y tengo la lengua seca. Duele y escribo. Aprovecho. Alivia. Un par de segundos. 

Y qué. Ya no era de noche. No hay nada como una mañana, con el sol de canto, fuerte y duro. Como tu polla. Y yo boca abajo, medio despierta sobre el colchón. Y tú medio despierto, encima. Desaparece la ropa. Magia. Y yo boca abajo, totalmente desnuda sobre el colchón. Y tú medio despierto, encima de mí. Estas tetas duras. Con estos pezones redondos, gruesos  y duros. Apretados contra ese colchón. Tan apretados como tu polla en el canalillo de mi curo. Duros. La polla. El culo. Tu cabeza en mi nuca. Un beso, Un mordisco. Se me cae la baba. Tus manos. Abriéndose paso entra la grieta de mi piel y de la sábana bajera. Manos metiendo manos por mis costados. Hasta sujetar mis pechos. Exprimirlos. Otro beso. Otro mordisco. Se me cae un gemido. Tus manos. Viajando oblicuas hacia mi vientre. Alas de pajaro, alas de yemas, sobre ya mi pubis. Apretando. Tus manos. Separadas. Una volviendo a mi pecho izquierdo. Apretando. La diestra explorando, un coño. Se me cae otro gemido, partido en dos contra la almohada. Tu polla. Durísima. Partiéndome el culo por fuera. Nuca. Tensión extrema. Podría partirse alguna cervical. Mientras me abres las piernas.  Y decides partirme el coño. Bendita polla. 

Y qué. Lo quiero todo. Esa mañana. Después de esa noche. Con su paciencia, Porque hace ya tiempo que. Me niego a que acostarme sea un fiasco. He tenido amantes pésimos. Mal sexo no. Porque yo también estaba allí, Al cien por cien. Lo quiero todo. Y a ti logrando de mí el cien por cien. Quien quiere un polvo a un cincuenta por ciento. De rebajas. De saldo. De oportunidad. Cuando tenemos un valor incalculable. Y yo es que tengo urgencia, pero no prisa. Porque lo quiero todo. 

Y qué. 
Pues que me he quedado sin follar. Porque no soy mujer de un polvo, aunque sea capaz de hacerme polvo mientras follamos. Dulce, suave, denso, intenso, fuerte, sucio, divertido, Qué más da. Piel revuelta es la que cuenta, y  no un rato de belcro. 
Y qué. Puestos a quererlo, puestos a hacerlo. Que sea con todo.